Inició hoy, 17 de junio de 2013, el XIV Congreso del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC, en Kokonuko, Zona Centro. Alrededor de 5000 participantes se instalaron en el “Territorio del duende”, lugar que no había acogido un congreso, máxima autoridad del CRIC, desde el año 1978, con...
Recibimos con mucha desesperanza la noticia de que Usted, máxima autoridad del estado colombiano, canceló a última hora, su participación en el acto de retractación y rectificación del gobierno colombiano ante la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Acto organizado por...
En la noche del lunes 17 de abril, se instalaron los eventos culturales, con danzas y música. Hicieron presencia varias bandas del departamento, talentos propios, para alegrar los espíritus.
El sistema de salud de Colombia genera grandes ganancias a las empresas de salud y miles de muertes a los colombianos y colombianas. El Estado que debe protegernos nos persigue, nos abandona y permite el lucro con nuestro sufrimiento. Intentamos organizarnos para resistir y exigir la salud como derecho fundamental, pero enfrentamos una maquinaria de engaños y trampas al servicio de un negocio privado. La historia que contamos a continuación es una de muchas. Convocamos la solidaridad, la consciencia y el apoyo de todas y todos por Mireya y porque con ella nos ayudemos a denunciar y transformar este sistema que privatiza los derechos. Porque en Colombia el modelo de salud mata, compartimos nuestra palabra, esta denuncia y el llamado a buscar alternativas.

El XIV Congreso del Consejo Regional Indígena del Cauca, es el espacio tradicional de encuentro de los pueblos indígenas para el diálogo, la reflexión y la proyección del proceso organizativo, donde analizaremos los diversos avances y las dificultades que vivimos en los territorios.
Unos y otros coinciden en que este es el mejor momento para construir la paz, ya que la coyuntura nacional y regional la favorecen. No será fácil desmontar medio siglo de guerra que ha destruido el tejido social y creado intereses espurios pero lo suficientemente poderosos para bloquear cambios.
La complicidad del Estado con su brazo paramilitar es cada vez más aterrador y escalofriante. Nuevamente nos vemos en la obligación de dejar constancias para que algún día la humanidad pueda juzgar. Los hechos son los siguientes:
¿Sabías que en la ciudad de Buenos Aires se respaldan las acciones de un genocida?
El día de hoy, diputados del Parlamento de la Unión Europea, solicitaron al presidente del Perú, Ollanta Humala que abandone definitivamente el proyecto Conga “Ya hubo demasiada violencia contra la resistencia pacífica en Cajamarca y es tiempo que escuche a las comunidades locales” concluía la carta de Catherine Grèze, Diputada europea, Coordinadora de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo.
El movimiento indígena desde su vida ancestral ha planteado que queremos vivir tranquilos en armonía y equilibrio en el territorio. La defensa por la vida, la unidad y autonomía en el territorio desde la cacica gaitana, juan Tama, Manuel Quintín Lame y el nacimiento del CRIC han sido luchas constantes he históricas para poder pervivir como pueblos; también han sido marcadas por el dolor de masacres, asesinatos, discriminación, imposición de leyes y políticas por parte de los Gobiernos que han pasado y están en las elites del poder acompañado del sistema capitalista neoliberal que se impone ante los los planteamientos y la prácticas de respeto a la madre tierra, autonomía, amplia democracia y equidad económica.
Con el ánimo de continuar fortaleciendo el caminar de la Cxhab Wala Kiwe-ACIN y en atención al llamado de las autoridades indígenas nos complace invitarlos e invitarlas a la Minga de Pensamiento Zonal que tendrá como objetivo: revisar los avances, dificultades y cumplimiento de los mandatos de los congresos zonales (Jámbalo 2002 y Tacueyo 2009) para continuar el camino organizativo, analizar las debilidades internas y buscarlas posibles salidas para continuar caminado en la búsqueda de un territorio autónomo con un gobierno propio.

Ahora cuando de nuevo hablamos de paz y muchos nos ilusionamos con que las negociaciones avancen rápido y no tengan reversa, que las dos partes sacrifiquen y renuncien a liquidar en la mesa a su enemigo, se pone sobre el tapete el tema de los medios.
Se les culpa de ser combustible del fuego y se les reclama, por tanto, responsabilidad y mesura. En general, la demanda tiene que ver con el curso de las negociaciones y en este sentido se les pide no recurrir al amarillismo y a la especulación. Una especie de autocensura de medios. Algo tiene de válida . Pero más valiosa sería si el Gobierno frenara a los departamentos de propaganda y publicidad de la fuerza pública, porque es ahí donde nacen la irresponsabilidad y el peligro. Gobbels, el ministro de propaganda de Hitler, descubrió que gran parte de las batallas se ganaba en los medios y nuestras –me cuesta trabajo el posesivo– Fuerzas Armadas y de Policía conocen al dedillo todos los secretos de esta arma de guerra. Y la aplican. Y les ha dado resultado.
El daño que a la paz y a las partes les ha hecho la propaganda bélica, sobre todo por los militares, es enorme. Al país le han hecho creer que las guerrillas son un monstruo de maldad nacida en el alma de Satanás. Todo lo malo que sucede, que es mucho, se carga en la cuenta de la insurgencia, que es larga. Han acuñado un lenguaje propio que machacan y machacan hasta lograr que guerrilla y terror sean sinónimos ideológica y políticamente. Se explica así que las Fuerzas Armadas tengan porcentajes tan altos de aceptación en la incrédula y moldeable opinión pública, y las guerrillas tan bajos. Y no quiero decir que la guerrilla sea un ejército angelical. Nadie puede desconocer sus crímenes y la responsabilidad que les cabe en el desangre y por la que tendrán que responder. Pero nadie puede decir que la guerra la hace solo la guerrilla. La brutalidad es compartida y los militares no pueden excusarse con la tesis de que son la fuerza constitucional. La imagen que los propagandistas de la fuerza pública han hecho de la guerrilla es una de los más fuertes obstáculos para la paz. El Gobierno tiene que pagar un precio muy alto hoy para poder acercarse a la mesa de negociaciones. En la medida en que estas se desarrollen y se sacrifiquen posiciones, el costo será mayor. Y no se puede avanzar sin esos sacrificios, que son la condición para crear el acuerdo. La información oficial –subrayo, oficial– sobre orden público debe ser controlada por el Ministerio del Interior y no por el de Defensa para impedir que se le siga echando leña a la hoguera. Permitir que los militares manejen a favor de sus intereses esta arma, por naturaleza civil y política, es aumentar el precio del acuerdo. Las Fuerzas Armadas y de Policía, en aras de su prestigio, de mostrar sus triunfos y hacer brillar sus charreteras, elevan el costo que el Gobierno debe pagar a la opinión ciudadana para avanzar en el negocio. No es solo prudencia lo que el Gobierno debe exigir a los militares en la información sobre lo que sucede en los campos de batalla, es silencio. Entre otras razones porque han sido muy hábiles para usar los departamentos de publicidad y propaganda para opinar y deliberar a voz en cuello desde los cuarteles y como institución. Si las cosas van en serio, como parecen ir, el Gobierno no puede seguir endosándoles esta responsabilidad a los militares, que, como es aceptado hoy, pelean por sus propios intereses. No tiene sentido que mientras el Gobierno controla la información sobre la mesa de negociaciones, los militares continúen divulgando informaciones amañadas sobre los desarrollos del orden público. Si se quiere llegar a un cese el fuego sólido, esta información debe ser exclusivamente manejada por el Gobierno y no por los militares. Mas aún, si el Gobierno no lo hace, Uribe usará ese pertrecho para dispararle cargas de profundidad a Santos.
Lo anterior no quiere decir que el Gobierno monopolice la información. Esta debe ser libre, totalmente libre. Los medios tienen la obligación de informar sobre la guerra recurriendo a todas las fuentes y no solo divulgando comunicados de las Fuerzas Militares. Está bien que el Ejército invite a periodistas a los operativos, que los transporten, los instruyan, los conviden a degustar raciones de campaña. Y está bien que los periodistas y los reporteros acepten. Todo en el entendido de que tienen derecho a procurarse información en otras fuentes, incluida la guerrilla, pero sobre todo a la que dan los campesinos y pobladores de las zonas de conflicto. Yo no hablo de monopolizar la información sobre orden público, sino solo la información que produce el Estado. No se debe olvidar que la guerrilla tiene un recurso siempre a mano para no desaparecer de las noticias: la propaganda armada, cuya función en el caso de la negociación sería nefasta.
http://www.elespectador.com/opinion/columna-376792-medios-y-paz
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