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Las que recuperaron las Tierras - Asamblea de mujeres en Las Delicias

Las que recuperaron las Tierras - Asamblea de mujeres en Las Delicias

El 17 de Mayo de 2013, se desarrolló una Asamblea de Mujer y Familia en el Resguardo de Las Delicias del municipio de Buenos Aires - Cauca, con el propósito de hacer un recuento histórico del programa mujer local y de la participación de las mayoras del Resguardo en las recuperaciones de...

Carta de los Pueblos Indígenas de Colombia a las FARC-EP

Carta de los Pueblos Indígenas de Colombia a las FARC-EP

Preferimos contestar la carta suya, que propone conversar, porque la otra nos anuncia –ahora sí con toda la claridad-- que somos objetivo militar de esos frentes de las FARC. Eso ya lo sabíamos, pero ahora con esa declaración oficial de las FARC ya nos ahorran la tarea de hacer las...

Las comunidades indígenas aplican remedio a jóvenes en Toribio - Cauca

Las comunidades indígenas aplican remedio a jóvenes en Toribio - Cauca

Desde el día jueves 16 de Mayo en la Vereda del Sesteadero, Municipio de Toribio – Cauca, la comunidad se declaró en Asamblea Permanente tras el asesinato del comunero Jhon Alexander Vitonás Yosando, de 14 años de edad, por parte de otros adolescentes reclutados por las milicias de las FARC....

  • Las que recuperaron las Tierras - Asamblea de mujeres en Las Delicias

    Las que recuperaron las Tierras - Asamblea de mujeres en Las Delicias

    Domingo, 19 Mayo 2013 07:21
  • Carta de los Pueblos Indígenas de Colombia a las FARC-EP

    Carta de los Pueblos Indígenas de Colombia a las FARC-EP

    Domingo, 19 Mayo 2013 10:35
  • Las comunidades indígenas aplican remedio a jóvenes en Toribio - Cauca

    Las comunidades indígenas aplican remedio a jóvenes en Toribio - Cauca

    Miércoles, 22 Mayo 2013 00:33

Nuestra Palabra

Colombia: lucro para empresarios o salud para la gente

El sistema de salud de Colombia genera grandes ganancias a las empresas de salud y miles de muertes a los colombianos y colombianas. El Estado que debe protegernos nos persigue, nos abandona y permite el lucro con nuestro sufrimiento. Intentamos organizarnos para resistir y exigir la salud como derecho fundamental, pero enfrentamos una maquinaria de engaños y trampas al servicio de un negocio privado. La historia que contamos a continuación es una de muchas. Convocamos la solidaridad, la consciencia y el apoyo de todas y todos por Mireya y porque con ella nos ayudemos a denunciar y transformar este sistema que privatiza los derechos. Porque en Colombia el modelo de salud mata, compartimos nuestra palabra, esta denuncia y el llamado a buscar alternativas.

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  • Tráiler - Y siguen llegando por el oro

Nuestra Palabra Kueta Susuza

  • Abril de paz y guerra

    Se consolida el movimiento social por la paz. El hecho político más relevante de los últimos meses ha sido el nacimiento de un Movimiento Social por la Paz en Colombia. Varios intentos venían articulándose de tiempo atrás, especialmente en la Ruta Social Común para la Paz, donde confluyen las iniciativas del Congreso de los Pueblos, Comosoc, Redepaz, Asamblea de la Sociedad Civil por la Paz, Marcha Patriótica, Red de Iniciativas de Paz desde la Base, Mujeres por la Paz, entre otros; el llamado Espacio Cinep (sobre todo de plataformas de organizaciones por la paz y derechos humanos) y el espacio ecuménico por la paz, 
     
     
  • El trueque comunitario un signo de unidad

    El trueque ha sido considerado por las comunidades indígenas, campesinas y algunos grupos urbanos como un ejercicio que permite dignificar el trabajo y solventar de algún modo las necesidades básicas, al tiempo que fortalece los lazos solidarios entre los pueblos.
     
     
  • Timochenko responde y las FARC asesinan un menor en Toribío

    "Una vez más nos reúne el atroz accionar de esta maldita guerra, hoy en el resguardo indígena de Toribío en la vereda del Sesteadero se ha apagado la vida del niño JHON ALEXANDER VITONÁS YOSANDO; quien tenía escasos catorce años, sus homicidas fueron otros dos adolescentes; esto es la degradación total de la guerra, la pérdida tajante de la razón; y sus responsables los mandos medios y el Secretariado de las FARC; quienes pusieron en manos y el corazón de niños armas y pensamiento de muerte; antes que juguetes y vida", comunicado emitido el 17 de mayo de 2013, por el Proyecto Nasa (AUTORIDADES TRADICIONALES DE LOS CABILDOS INDIGENAS DE TORIBIO, TACUEYO Y SAN FRANCISCO). 

Contexto Colombiano

  • Trampolín para el exterminio del Pueblo Pijao

    Han llegado diferentes mega-proyectos al territorio ancestral Pijao en el departamento del Tolima: de hidrocarburos, minería, hidroeléctricas, el proyecto de riego Triángulo del Tolima, concesiones de agua y, últimamente, el cruce del oleoducto San Martín Meta - Mar Pacífico.

     
  • El horóscopo del TLC

    "En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira”. Ramón de Campoamor
     
     
  • La paz de los pueblos sin dueños

    Aspiramos a que las negociaciones entre la insurgencia armada (por ahora las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, pero muy seguramente pronto con el Ejército de Liberación Nacional, ELN) y el Gobierno de Colombia, concluyan rápidamente con la firma de un acuerdo que garantice el cese al fuego definitivo y permanente entre las partes.
     

Vivencias Globales

  • Condena al dictador Rios Montt: lecciones de Guatemala para Colombia

    "A cada cerdo le llega su San Martín”. El pasado 10 de mayo, en una sentencia sin precedentes en el ámbito Latinoamericano, la justicia guatemalteca condenó al dictador José Efraín Rios Montt, a 50 años de prisión por el delito de genocidio y 30 años por el delito de deberes contra la humanidad.
     
     
  • Marcha por la tierra y el agua

    Un nuevo movimiento y un movimiento de nuevo tipo están naciendo en el período de mayor crecimiento de la economía y el consumo, poniendo en cuestión el modelo de desarrollo y sus consecuencias sociales y ambientales. 

     
  • Vamos a radicalizar la resistencia en el Ecuador

    Extractos del discurso dado por Carlos Pérez Guartambel, flamante presidente de la Confederación Kichwa del Ecuador ECUARUNARI, luego del Bara Chimbachik- traspaso de Autoridad que fue entregado por Delfín Tenesaca, presidente saliente.  Pérez Guatambel, en el catorceavo presidente del ECUARUNARI en los 40 años de vida.  
     

Comunicados

Movimiento Indígena exige verdad, justicia y reparación integral a las FARC

Dolidos y preocupados por las consecuencias que deja la guerra en nuestros territorios pero a la vez con esperanza y expectativas porque en La Habana se negocie la terminación del conflicto armado, los indígenas del Cauca agrupados en ACIN, CRIC y ONIC, nos dirigimos a usted señor Timoleón Jiménez, comandante del Estado Mayor de las FARC para expresarle lo siguiente:

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ACIN: Rutas para la paz en Colombia

 

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Debemos reconocer que en esa ocasión en general nos pareció bien que respondieran la carta. También valoramos positiva la parte en que reconocen la existencia de atropellos, así sea sin darle el nombre que es; porque algunas de las situaciones que ustedes llaman “dificultades puntuales”, para nosotros han sido en realidad crímenes contra las comunidades, más o menos reiterados. 
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Documentos

Algunas reflexiones respecto al aniversario XVIII de la OPIAC

El mundo mientras estaba mirando las elecciones de Venezuela, el conflicto de Siria, la bomba que explotó en Boston, los diálogos en Cuba; los 56 pueblos indígenas de la Amazonia Colombiana estábamos celebrando los 18 años de haberse creado nuestra Organización OPIAC en una pequeña ciudad llamado Mitú (Vaupés) al suroriente de Colombia. Como era de esperar estábamos alejados del bullicio y los medios de comunicación. Este evento que contó con el apoyo del Ministerio del Interior a través de la dirección de asuntos indígenas, la alcaldía de este municipio y otras entidades, se logró convocar delegaciones de Guainía, Guaviare, Caquetá, Amazonas y Putumayo.

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Pronunciamiento público en relación con el proyecto hidroeléctrico Porvenir II

 

La Mesa de Derechos Humanos y Protección Humanitaria del Oriente Antioqueño, públicamente se pronuncia en relación con el proceso de licenciamiento del proyecto hidroeléctrico Porvenir II, a ser desarrollado en una área de aproximadamente 1.200 hectáreas pertenecientes a los municipio de San Carlos, San Luis, Puerto Nare y Caracolí, y  generaría impactos ambientales indirectos en la zona Páramo del mismo Oriente y en el ecosistema del Magdalena Medio.
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ACIN - Çxhab Wala Kiwe

Toribío: vivir bajo las balas

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Entre las montañas del norte del Cauca, 32 mil indígenas y campesinos de Toribío han adaptado su rutina a los rigores de la guerra. En los últimos 20 años han soportado 14 tomas guerrilleras, mil hostigamientos, tres masacres y decenas de asesinatos selectivos. Esperanza  y balas perdidas. 
 
A sus 53 años, Leticia ha tenido que reconstruir su casa tres veces. La primera fue en julio de 2002 cuando un grupo de guerrilleros irrumpió en su vivienda para atacar, desde allí, la estación de policía de Toribío. La segunda fue en abril de 2005, cuando una lluvia de pipetas destruyó el cuartel y, de paso, parte de su hogar. La tercera fue hace algo más de un año (9 de julio), cuando las Farc hicieron explotar una chiva cargada de explosivos y en su intento fallido por destruir el bunker de la policía, acabaron con 117 edificaciones vecinas.
 
Leticia nació en Toribío, se fue de niña y volvió en 1986 para hacer su vida con un negocio de venta de ropa y misceláneos junto a Rolando, su esposo. Muy pocos días de tranquilidad recuerda haber vivido. “En 1993 hicieron la primera toma, pero solo eran disparos. No como ahora, tan cruel, con pipas y tatucos”. 
Esta mujer guarda en su memoria las fechas que han marcado la historia reciente del conflicto en este municipio que tiene 32.000 habitantes. Recuerda que la primera vez que las Farc usaron pipetas para atacar a la policía fue el 11 de julio de 2002. A la una y cuarto de la tarde llegaron unos guerrilleros y sin mediar palabra forzaron las puertas y entraron a su casa. Ella salió corriendo con su familia y solo pudo volver al otro día, cuando el cuartel quedó en el piso y los 13 policías, vencidos, humillados y en ropa interior, salían en calidad de secuestrados. La mediación de las autoridades indígenas logró arrebatarles los uniformados a los guerrilleros. “Me dio tanta tristeza ver la casa, olía a pólvora, todo estaba sucio, esa gente había dejado costales y sus cosas, habían saqueado el negocio”.
En ese tiempo el gobierno no le dio plata para indemnizar los daños, que por fortuna fueron menos de los que ella se había imaginado: solo tuvo que reconstruir la parte trasera de la casa que fue utilizada como trinchera por los subversivos para dispararles pipetas a sus enemigos. Después de ese ataque, la policía no volvió por esas montañas casi durante un año, en el que según ella, la guerrilla creció porque se llevaba jóvenes para la milicia (los milicianos actúan vestidos de civil en los cascos urbanos).
 
Entonces, Leticia y sus paisanos empezaron a soportar otro tipo de ataques. Cuando iban a Santander de Quilichao los acusaban de ser guerrilleros o auxiliadores. “Empezamos a escuchar que los paras iban a entrar al pueblo. Hubo muchos muertos y desaparecidos. Era terrible salir de acá”, reprocha. Al poco tiempo volvió la policía al casco urbano pero no significó ningún alivio para la comunidad.
 
“Nos llenaron el pueblo de trincheras. Yo no estaba de acuerdo porque quedamos encerrados, acorralados. Los hostigamientos se hicieron constantes, no podíamos desayunar, almorzar, ni dormir y si queríamos salir teníamos que pasar por esas trincheras, que se convirtieron en blanco de la guerrilla”,  recuerda con angustia. Fueron varios los civiles y policías que cayeron heridos por estar cerca de esos muros construidos con bultos de arena pintados de verde oliva. 
“Aquí la vida es tensa con policía y sin policía”, dice ella sin entrar a terciar en la polémica más reciente. Lo que sí tiene claro es que por esos días, las autoridades y la guardia indígena se organizaron mejor y crearon los puntos de asamblea permanente, sitios estratégicamente ubicados para que los civiles se refugien durante los combates, cada vez más cotidianos. 
 
Fue en una junta directiva de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, ACIN, (que agrupa 19 cabildos y 14 resguardos en Toribío, Caloto, Miranda, Corinto, Jambaló, Santander de Quilichao, Buenos Aires y Suárez) de 2001, que las autoridades indígenas decidieron declararse en resistencia, ante la arremetida paramilitar que justamente en abril de ese año había dejado su estela de muerte con la masacre del Naya, en la que 102 miembros del bloque Calima comandados por H.H. asesinaron a 32 indígenas y campesinos y desaparecieron a 10 más.
 
“Hicimos un documento que se llamó Minga en Resistencia y se decidió que no saldríamos del territorio, por más amenazas que nos llegaran (varios líderes habían sido asesinados por las Farc y los paramilitares). Se tomaron acciones, como fortalecer la guardia indígena sacando 10 miembros por vereda para capacitarlos en atención humanitaria y de desastres”, explica Ezequiel Vitonás, alcalde de Toribío.
 
Con el mandato de “aquí nacimos, aquí tenemos el ombligo enterrado y aquí moriremos”, cada cabildo conformó bloques de 5 o 6 veredas para identificar dos lugares estratégicos (plan A y plan B) donde se pudieran resguardar de las balas y se organizó la logística para alojar y atender grandes grupos. Estos sitios están señalizados con banderas blancas, con la verde y rojo que distingue la organización indígena, e incluso ondean en algunos de ellos banderas de organizaciones humanitarias o de países europeos.
 
Una comisión de mayores ubicó sitios para guardar comida en caso de emergencia. Solo ellos saben cómo y dónde hacerlo. “Ellos hablan de sus experiencias, de sus históricas luchas desde la cacica La Gaitana, pasando por la Guerra de los Mil Días y La Violencia de 1948. Dicen que en la guerra lo primordial es la comida, cada sitio de asamblea tiene su propia huerta”, dice Vitonás, quien participó en la elaboración del documento como consejero de la ACIN.   
Cuando se presenta el conflicto la guardia indígena organiza y transporta a los civiles a estos lugares. Una vez allí, se conforman comisiones de educación, salud, alimentación. Los profesores organizan a las mujeres para tejer, a los niños les preparan actividades lúdicas. La idea es que la vida transcurra en relativa calma y que el impacto sea menor.
 
“En el documento definimos que no estaremos con ninguno de los actores del conflicto. Se dijo que era como pasar un puente de una viga sin ningún pasamanos. Hablamos con la guerrilla y los paramilitares. Hubo un trabajo nacional e internacional para dar a conocer ese plan y hasta el momento han respetado los sitios. A veces la guerrilla o el ejército han intentado entrar, pero la guardia los hace salir”.
 
En el casco urbano de Toribío el sitio de concentración está en Cecidic un centro de educación técnica y agropecuaria que puede albergar hasta mil personas, cuenta con una bodega y una cocina que puede alimentar a cinco mil personas. Hasta allí llegó Leticia con su familia en el 14 de abril de 2005, cuando ocurrió el peor ataque a la estación de Policía. 
 
“La lluvia de balas empezó como a las seis y media de la mañana, yo ya había visto que la cocina era el sitio más seguro, porque tiene plancha de concreto y está como en la mitad de la casa, y como siempre, corrí para allá. Empezaron a llegar mis vecinos que veían mi casa segura, éramos como 23 personas. De pronto nos cayó una pipeta. Fue terrible. Sentimos que se levantó toda la casa, todo tembló. Busqué una tela blanca y salimos, pero no teníamos por donde pasar por las trincheras. Fue eterno pasar el parque porque caían pipas por todos lados. Cuando volvimos, las gallinas estaban quemadas y la parte de atrás de la casa estaba en el piso, habían saqueado el almacén”.
 
Leticia recibió una plata que no le alcanzó para casi nada, pero como pudo volvió a levantar los cuartos y el baño de la parte trasera. No había acabado de resanar los daños, cuando estalló la chiva bomba el año pasado. Lo poco que había levantado volvió a quedar abajo, pero esta vez toda la casa quedó agrietada y las puertas metálicas retorcidas. Ella muestra las marcas de las balas que permanecen en el techo, en el lavadero, en la tapia. Ya perdió la cuenta de los ataques, de las veces que se ha tenido que refugiar en la cocina. Pero el proyecto Nasa, que dirige Gabriel Pavi, sí tiene la estadística: desde 1993 Toribío ha soportado 14 tomas guerrilleras y más de mil hostigamientos.
 
¿Y cuál es la diferencia? Cualquier lugareño la explica con naturalidad: “hostigamiento es cuando los guerrilleros disparan desde lejos a la policía, generalmente duran un par de horas; toma es cuando los guerrilleros se acercan al pueblo para atacar la estación de policía con pipetas y tatucos (morteros artesanales), también se escuchan disparos alrededor del pueblo y pueden durar varios días”.  
 
Es un glosario macabro que manejan por igual niños y adultos. Un lenguaje al que están habituados. Aquí es común cargar banderas blancas, es normal escuchar el silbido y el traqueteo de las balas e identificar de qué bando provienen, es fácil distinguir el ruido y la apariencia de un tatuco o de un cilindro bomba y conocer cómo maniobran un avión supertucano o un helicóptero Black Hawk antes de atacar.
 
Así como Martha y sus cuatro hijos también se acostumbraron a meterse debajo de la cama cuando empezaban los disparos. Durante 10 años vivieron en una casa ubicada a 50 metros de la estación de Policía y su rutina se habituó a la cotidianidad del conflicto. Los niños no podían jugar en la calle y la mamá escasamente salía a trabajar. Como Leticia, esta mujer cabeza de familia, tuvo que salir tres veces huyendo del hogar porque el techo y los vidrios saltaban en pedazos y escasamente quedaban las paredes en pie.
 
Pero no ha vuelto. La explosión de la chiva bomba, de la que se salvaron de milagro, los puso a deambular por el pueblo. No ha recibido plata para reconstruir su vivienda. Ahora vive a las afueras, cerca al cementerio. Pero está aburrida. “Allá está la otra gente (la guerrilla), hostigan desde allá y como tengo que trabajar, los niños quedan solos”, dice angustiada.
 
Mientras Marta cuenta su historia, Keiner y Zulai, los más pequeños, juegan con los casquillos de las balas que todavía están en lo que fuera la sala de su casa. Tiene miedo, pero admite que si le dan un auxilio para arreglar la casa, volvería sin pensarlo. “Ya no sé dónde meterme con mis hijos”.
 
Gloria Castrillón | Cromos.com.co

 

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